En el marco del foro internacional Technovation 2026, la ciencia médica aplicada a la reducción de daños ocupó un rol preponderante para comprender el impacto de las nuevas tecnologías en el organismo. Producto del diálogo con la especialista del área científica de Philip Morris International, Dra. Silvina Brienza, pudimos conocer una de las pruebas experimentales más contundentes del encuentro. A través de un dispositivo de simulación mecánica, se representó de forma directa el impacto a nivel pulmonar que genera el consumo de un cigarrillo tradicional en comparación con la utilización de una plataforma de tabaco calentado, evaluando la densidad, la temperatura y la composición de los residuos de ambos sistemas.
Durante el encendido del cigarrillo convencional, la especialista detalló que el proceso se desenvuelve mediante la combustión tradicional que todos conocen, alcanzando temperaturas extremas de entre 800 y 900 grados centígrados. En contraposición, el dispositivo de tabaco calentado opera bajo un principio estrictamente térmico que no supera los 300 o 400 grados centígrados. Esta diferencia en los umbrales de calor altera por completo la naturaleza de la emisión: mientras el cigarrillo genera un humo denso saturado de partículas sólidas visibles, la plataforma tecnológica produce un aerosol cuyo componente mayoritario —entre el 90% y el 95%— está constituido por vapor de agua.
Para materializar el efecto residual en el cuerpo humano, la máquina experimental trasladó el flujo de 14 pitadas mecánicas de cada producto hacia unos filtros ubicados en los extremos del sistema, diseñados para representar el tejido pulmonar receptor. Al concluir el proceso, la Dra. Brienza retiró los discos filtrantes para evidenciar la notoria alteración cromática y de textura. El filtro expuesto al cigarrillo tradicional exhibió una densa pigmentación oscura producto de los componentes retenidos tras la combustión del tabaco, mientras que el disco del dispositivo electrónico mantuvo una superficie limpia, reflejando de forma nítida la ausencia de alquitrán y subproductos de la quema de biomasa.
El respaldo de los organismos internacionales frente al riesgo químico
La médica del área científica enfatizó que esta disparidad visual responde a una sólida base estadística respaldada por la investigación clínica. «El tabaco calentado está demostrado científicamente que contiene entre un 95% a 97% menos de partículas tóxicas y potencialmente tóxicas comparado con el humo del cigarrillo», argumentó Brienza. La especialista aclaró que estos indicadores no constituyen un postulado aislado de la compañía tabacalera, sino el resultado directo de auditorías basadas en las listas de componentes nocivos estipuladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA).
Al realizarse las evaluaciones clínicas sobre el listado de compuestos restringidos por dichas entidades internacionales, el análisis bioquímico determinó la reducción sistemática del 95% en los biomarcadores de exposición perjudiciales. La diferenciación radical en los discos de retención comprueba mecánicamente que el vector del daño en el tabaquismo no radica en la nicotina en sí misma, sino en los miles de compuestos químicos liberados al encender fuego en el cigarrillo convencional. Esta evidencia, concluyó la profesional, resulta clave para avanzar en marcos informativos transparentes que permitan a los fumadores adultos comprender el beneficio real de migrar hacia plataformas tecnológicas libres de humo.
